En Rionegro, exactamente en el parque de San Francisco, hay un oficio que ha resistido al paso del tiempo. Sin vitrinas modernas ni publicidad, pero con años de experiencia, don Julio Jaime mantiene una rutina que repite desde hace más de medio siglo: reparar ollas a presión.
A sus 85 años, sigue trabajando en el mismo lugar, entre el movimiento cotidiano del parque. Su puesto es sencillo, pero funcional. Allí vende y cambia cauchos, válvulas, cachas, mangos y empaques, piezas esenciales para alargar la vida útil de estos utensilios que aún son comunes en muchos hogares. Con los años, su trabajo se volvió referencia en la zona. No solo por lo que hace, sino por la constancia.
Don Julio no lleva la cuenta de cuántas ollas ha reparado; dice que son demasiadas para recordarlas. Lo que sí tiene claro es que este oficio le permitió sostener su hogar, acompañar a su esposa y sacar adelante a su hijo Roberto. Hoy, su rutina se mantiene casi intacta. Llega temprano, organiza su puesto y espera a los clientes. Algunos llegan por necesidad, otros por costumbre. En medio de una dinámica donde cada vez se reemplaza más de lo que se repara, su trabajo sigue teniendo espacio.
En ese ir y venir de clientes, herramientas y piezas, se mantiene vivo un oficio tradicional que ha acompañado durante décadas la vida cotidiana de la ciudad.
Por:
Juliana García García – [email protected]




























