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Morales

Llegó diciembre con su alegría, mes de parranda y animación. También una época donde se verán natilladas, reuniones e integraciones, pues es el mes que da partida a decenas de campañas políticas de quienes buscan llegar a Alcaldías, Concejos, Gobernación y Asamblea.

Sólo para citar un ejemplo. En Rionegro y Marinilla hay cerca de 10 precandidatos, respectivamente, que quieren reemplazar a los actuales Alcaldes, mientras que en La Ceja llevamos la cuenta de 7. Las cifras serían apenas normales para estos municipios ubicados en la zona del Altiplano que es donde se concentra el desarrollo de la región, pero llama la atención que en municipios pequeños y alejados como Nariño hay cerca de 5 precandidatos.

Lo anterior puede tener varias lecturas. La primera es que hay mucha gente que tiene ideas renovadoras para el bienestar de sus municipios, la otra es que hay muchos que quieren dar continuidad a los programas que traen los actuales mandatarios, la otra es que hay demasiado inconformismo con los gobiernos de turno y quieren dar un cambio notorio, o la otra, es que hay muchos que se hacen contar dentro de los listados de aspirantes para después retirarse, sumarse a la campaña que vaya punteando y asegurar el puesto, y por ende, la figuración pública durante los próximos 4 años. ¡Todas estas lecturas son válidas!

Hacer política es una profesión como cualquier otra. Requiere de preparación, disciplina y hasta de una pisca de arte. No es malo querer aspirar para dar un cambio, mucho menos pretender dar continuidad, ni mucho menos es malo hacerse contar sólo por ganar reconocimiento. Lo que sí es malo es no tener conocimiento de las necesidades de cada comunidad, no proponer ideas futuristas o recurrir a las tradicionales estrategias que se ven cada  4 años en la competencia por los votos.

Ahí es donde los ciudadanos debemos estar atentos y conocer a quien es qué le vamos a dar el voto, porque obviamente hay que votar, de lo contrario no tendríamos cómo exigir o cómo fortalecer las democracias. Sin embargo, desde ya vemos a precandidatos a Alcaldías, Gobernación, Asamblea Concejos que están hablando de construir, invertir, mejorar, cambiar y renovar, sin ni si quiera saber si es eso lo que justamente necesitan las comunidades. Como diría la canción de “A quién engañas abuelo”: “Aparece  en elecciones a unos que llaman caudillos, que andan prometiendo escuelas y puentes donde hay ríos”.

Bienvenidas las propuestas y las campañas políticas, más allá de si son renovadoras, alternativas o de continuidad, lo importante es que sean trasparentes, de cara a la gente y sus necesidades; candidatos que miren a los ojos y escuchen al pueblo, pero que lo sigan haciendo, con mayor razón, cuando sean favorecidos con el voto en las urnas. Qué bueno que haya muchos candidatos, así habrá más de donde escoger, lo único que pido desde estas líneas es que en esa competencia por los votos marquen la diferencia y se destaquen por sus propuestas realizables y no por aquellas que más parecen sacadas de la serie Futurama que de la de las realidades que se viven en nuestro amado Oriente Antioqueño.

Por: Óscar Morales Orozco (Comunicador Social-Periodista) @moraperiodista

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