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Remontémonos a mayo de 2016 cuando el gobernador de Antioquia propuso en Granada un área metropolitana para los 23 municipios de la subregión del Oriente. En aquel momento, expresé en nombre de quienes hemos trabajado la provincia, que era inadecuado incluir a Argelia o a San Francisco en una figura como éstasobre todo porque son territorios esencialmente rurales y en general, porque no todo el conjunto de los 23 municipios cumple con las características económicas, sociales y físicas que configuran a un área metropolitana según el Artículo 319 de la Constitución Política.

En numerosos escritos y charlas referentes a la figura asociactiva de las provincias administrativas y de planificación, las he defendido, como las entidades supramunicipales más adecuadas para gestionar territorios como el Oriente antioqueño.

He afirmado, por ejemplo, que pueden ser mejores para gestionar de manera simultánea hechos territoriales urbanos y hechos territoriales rurales;  de hecho, ningun área metropolitana de Colombia ha demostrado ser eficaz gestionando territorios rurales, pues es una figura concebida para gestionar el suelo y las dinámicas urbanas de las ciudades, creada para aprovechar los capitales que concentran las ciudades y no para gestionar nuestra pobreza social e institucional rural y su riqueza natural.

He dicho también, que el esquema asociativo que mejor le viene al Oriente antioqueño (a la subregión de 23 municipios o la región ambiental de 26 municipios que hoy gestiona Cornare) es la provincia, porque esa es la escala territorial adecuada desde un punto de vista geográfico, ambiental, social, económico y político, dado que podría mantener la cohesión subregional y posibilitaría construir equilibrio y equidad territorial entre municipios muy desiguales.

Sin embargo, si el altiplano del Valle de San Nicolás quiere gestionarse de manera autónoma e independiente al resto del Oriente antioqueño, la discusión es otra, pues otros son los elementos que deben considerarse.

¿Área metropolitana, región metropolitana?

Es claro que casi todas las ciudades del sur del planeta están en crecimiento, así como su población. Antioquia, en particular, se encuentra en expasión por los territorios de su región central, dado que el Valle de Aburrá superó la capacidad de carga de las laderas, la movilidad es cada vez más lenta y el aire atenta contra la salud de sus pobladores.

La ubicación de la actividad productiva en esta región central de Antioquia ha sido y será clave en la decisión por la figura asociativa que se adopte en el oriente cercano, debido que a la industria antioqueña no la deslocalizaron de una ciudad interna para reubicarla en un puerto marítimo como en muchas otras partes del mundo, sino que simplemente la trasladaron de Valle, de piso. La movieron del Valle de Aburrá hacia el Valle de San Nicolás: por contaminante, porque ocupa mucho suelo urbanizable en Medellín e Itagüí, y por su vocación exportadora la ubicaron en torno a la autopista Medellín Bogotá y el aeropuerto.

No es extraño pues, que los viajes por razones de negocios, trabajo, estudio entre los municipios del Oriente cercano y Medellín sean cada vez crecientes; se sabe que el túnel de Oriente aumentará este flujo y que las vías 4G aumentarán la comunicación entre los Valles, dinamizarán la segunda residencia y aumentarán las interacciones.

Esto, claro, ha sido debidamente planeado y liderado por la dirigencia paisa dueña de esta industria, gobernante casi siempre, que por lo general ha tenido empresa en Medellín y finca de tierra fría o caliente en alguno de los Valles, la misma que desde hace más de cuarenta años ha venido construyendo la metrópoli en tres pisos. Y es que cuando se mueve la industria, se mueven  los puestos de trabajo, o se crean nuevos y, con ellos, se mueve a la gente a trabajar y a vivir cerca; en nuestro caso, cerca a los corredores viales donde se ha ido ubicando.

Este hecho, sin duda, ha modificado las interdependencias, las relaciones entre Valles y entre pisos. Como se justificó en el cambio de la ley 1625 de 2013, liderada desde el Oriente antioqueño cercano a Medellín, ya no importa tanto la conurbación, sino las interacciones, las interdependencias, los intercambios, los flujos, porque ya no solo se trata de gestionar el suelo urbanizable, sino las relaciones que se establecen entre territorios contiguos y/o interdependientes.

La región metropolitana es la clave en la discusión de este asunto. Pues más allá de lo que crea y defienda sobre las provincias y su papel, veo que la región central de Antioquia, urbana ahora y sobre todo en el futuro, va a reconfigurar lo que hoy conocemos como subregiones y zonas; percibo que le quitará una parte importante a las subregiones del Oriente, Occidente, Suroeste y Norte, que todo lo que hoy llamamos cercano (a Medellín) será absorvido.

Y si la dirigencia del altiplano del Valle de San Nicolás decide gestionarse como área metropolitana, está aceptando la idea de desintegrarse del Oriente todo, renunciando a la posibilidad de poner a disposición sus capacidades y dotación territorial, en el marco de una provincia, para ayudarle a los municipios del Oriente lejano con bajas capacidades sociales e instituciones a conseguir metas de desarrollo territorial, y tomando la opción de organizarse en torno a la región metropolitana, unirse a los territorios mejor dotados y con mayores capacidades.

De hecho, es altamente probable que en el 2040 el altiplano del Valle de San Nicolás sea parte de una región metropolitana. De manera que, si ahora se crea un área metropolitana liderada por Rionegro, no durará mucho, ya que la institucionalidad de la región metropolitana también la integrará o la absorverá, según cómo se gestione su autonomía territorial.

Esto, debido a que el territorio del Oriente cercano a Medellín, compuesto por los suelos urbanos y rurales de los municipios del altiplano (Rionegro, Guarne, El Retiro, La Ceja, El Carmen de Viboral, Marinilla, El Santuario), e incluyo en esta lista a El Peñol y Guatapé, siguiendo el LOTA II, están actualmente bajo la influencia de esta ciudad creciente que hacia el 2040 seguramente será una región metropolitana. Luego seguirá el traslado hacia el Valle del Cauca cercano de San Jerónimo, Santafe de Antioquia, y luego al Suroeste cercano, todo en torno a las vías 4G y camino a los puertos de Turbo y Buenaventura.

Sea cual sea la figura a futuro, esta dinámica de crecimiento va demandar planificación y ordenamiento supramunicipal, nuevas instituciones e instrumentos que debemos pensar:

  1. i) Un sistema de acueducto y alcantarillado supramunicipal, con capacidad de abastecer a los nuevos pobladores. Rionegro y Marinilla, tienen cada vez más dificultad para atender a sus usuarios y cada vez tendrán que ir por el agua más lejos, a mayores costos para las empresas locales. Además, los municipios de este territorio necesitan un relleno sanitario para todos, y aunque nadie lo quiera en su territorio deberá resolverse, ya veremos dónde se pone.

Estas discusiones siempre traen la propuesta de una empresa “regional” de servicios públicos y la necesidad de que las empresas de servicios públicos locales y los acueductos rurales actúen en red frente a este reto. También el evidente interés de Epm para hacerse al control de esta empresa que, como en el Valle de Aburrá, gestiona casi todos los servicios públicos domiciliarios.

  1. ii) Un sistema de movilidad para el futuro, que vincule las pequeñas ciudades y a ellas con el Valle de Aburrá. Esto implica, como ya lo dijo el exministro marinillo Andrés Uriel Gallego, la separación y reserva de las franjas de tierra por donde discurrirían nuevas vías. También podría pensarse en los nuevos sistemas de trenes de cercanías para que conecten con la estación del futuro metro de Medellín en el aeropuerto JMC, pasando por el tunel. Incluso el replanteamiento de las terminales de transporte terrestre de pasajeros, la más necesaria la de Rionegro, de una manera muy distinta al sistema de paraderos satélites que hoy quiere imponer Sonrío.

Para todo ésto se va a requerir una autoridad supramunicipal de transporte, instancia con instrumentos técnicos y jurídicos formales, que funcione con base a acuerdos supramunicipales.

iii) El tipo de territorio y crecimiento urbano que queremos. ¿Es el concentrado, la mancha urbana que reune a las personas y facilita al Estado su atención con servicios públicos; o es el disperso, el campestre, rodeado de naturaleza lejos del ruido, que individualmente tantos queremos, pero altamente costoso para atender con vías, acueductos, alcantarillados, recolección de resíduos, transporte público, o una mezcla de ambos que en forma bien pensada y acordada cree estética y ambientalmente un nuevo territorio para las generaciones futuras?

Decidir qué va a pasar con el suelo rural y la tradición campesina, debe ser una tarea prioritaria de una institucionalidad nueva, capaz de marcar una pauta ordenada.  Es decir, se requiere de una entidad planificadora con un plan de ordenación y gestión del suelo supramunicipal, que construya acuerdos participativos de futuro con todos actores.

  1. iv) Decisiones contundentes y muy restrictivas sobre el sistema natural (fuentes de agua, corredores biológicos, áreas locales) que defina claramente qué se va proteger, a reservar, para la vida de todos los seres sensibles que aquí hemos habitado y habitarán en el futuro. Es decir, una institución de gestión ambiental para este territorio cambiante.

¿Cuáles son los escenarios posibles para el Oriente?

Uno quisiera que en este nuevo escenario, el altiplano del Valle de San Nicolás y sus instancias mantuvieran la autonomía para decidir qué instituciones e instrumentos acuerdan y ponen en marcha en este nuevo escenario de región metropolitana.

Creo que si fuera mediante una provincia de todo el Oriente, el altiplano tendría mayor autonomía para hacerlo, porque los 23 municipios sumarían fuerza política, contrapeso para negociar las compensaciones, como lo ha hecho hasta ahora frente a Epm en temas de tarifa del servicio público de energía, por ejemplo. Sin duda, un esquema asociativo como la provincia negociaría mejor que otro esquema como el área metropolitana, con Medellín y Epm al frente.

Y si el altiplano del valle de San Nicolás se organiza en área metropolitana, será determinado por la región metropolitana y Medellín, puesto que los hechos territoriales de la región metropolitana son tosudos y sobre todo, porque el poder político de un puñado de pueblos, es fácilmente coptado por el poder económico y político central que está construyendo la región metropolitana en la práctica y necesita organizar el territorio acorde a sus aspiraciones.

Visto así, las provincias seguirán siendo necesarias para que los territorios lejanos se integren con esta región metropolitana.Y cuanto más crezca la metrópoli, más va a necesitar de las regiones contiguas, porque de ellas depende los servicios que requiere la metropoli (agua, energía, alimento, aire limpio, etc.). Las provincias serán indispensables para que pujen ante la metropoli para ser compensadas por lo que le aportan; y si los municipios lejanos no se asocian, no podrán ejercer poder para negociar las cargas y los beneficios que genera esta nueva realidad.

Así, el lugar que tiene hoy Marinilla en la Provincia del Agua, Bosques y el Turismo, y el que tiene La Unión en la Provincia de La Paz, van a ser muy útiles a esta necesidad actual y futura de integrar; también podrían jugar papel similar El Santuario y El Carmen de Viboral, porque conectan al altiplano con el Oriente lejano, son bisagra y territorios de tránsito entre el futuro metropolitano y las provincias.

Es curioso, pero no casual, que esta dinámica actual y futura refuercen una constante histórica de los últimos siglos: Rionegro y Marinilla en tensión porque ninguno quiere subordinarse al otro; Rionegro mirando hacia Santafe de Antioquia y el Cauca, residencia temporal del Gobierno de Antioquia, mientras Marinilla mira hacia Mariquita y Remedios en el Magdalena. Y la confirma hacia el futuro: Rionegro quizá integrando un área metropolitana liderada desde la capital de Antioquia y siendo absorvido por ella, mientras Marinilla lidera la provincia que ayer fue Cantón.

[1] Artículo publicado en el Periódico Regional El Marinillo Ed.57.
https://issuu.com/somosrecdigital/docs/periodico_el_marinillo_-_edicion_57

 

Por: Nelson Enrique Restrepo Ramírez (Sociólogo, UdeA; Máster en ordenación y gestión del desarrollo territorial y local, Universidad de Sevilla España)

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad de sus autores, y no reflejan la posición informativa de Actualidad Oriente