
Desde el pasado 7 y hasta el 17 de septiembre, un equipo interdisciplinario recorre San Francisco, Sonsón y Puerto Triunfo en la Bioexpedición “El Camino de Mulatos”, una iniciativa implementada por Masbosques que busca conocer la biodiversidad, recuperar saberes y memorias de las comunidades y explorar oportunidades de bioeconomía en este corredor entre la montaña antioqueña y el Magdalena Medio.
La expedición hace parte del proyecto “Entre el Río y la Montaña: Gobernanza territorial y desarrollo sostenible en las cuencas del Samaná Norte y el Magdalena Medio Colombiano”, financiado por la Unión Europea en Colombia y desarrollado junto a Masbosques, PRODEPAZ, FUSOAN, ASENRED, Enlaza, la Universidad Católica de Oriente, Cornare, el Museo del Río Magdalena y comunidades locales. La iniciativa tiene alcance en seis municipios: Cocorná, San Francisco, San Luis, Magdalena Medio sonsoneño, Puerto Triunfo y Puerto Nare.
Durante los diez días de trabajo se estudiarán flora, aves, anfibios y reptiles, con registros georreferenciados que podrán aportar al Sistema de Información sobre Biodiversidad de Colombia (SiB Colombia). Paralelamente, mediante recorridos participativos, cartografía social y conversaciones con habitantes, se documentarán relatos, conocimientos, prácticas productivas y transformaciones del paisaje.
La ruta incluye bosques de montaña en Aquitania, bosques húmedos tropicales y sistemas kársticos en la Reserva Los Monos y La Danta, además de humedales, ciénagas y zonas ribereñas de Puerto Triunfo. La selección de estos lugares también tuvo en cuenta su importancia cultural y la relación histórica de las comunidades con el territorio.

El nombre de la expedición retoma el Camino de Mulatos, antigua ruta que conectó durante siglos el río Magdalena con las montañas de Antioquia y facilitó el intercambio de personas, bienes y conocimientos. Desde esa conexión histórica, la Bioexpedición busca entender el territorio como un sistema donde biodiversidad, memoria, cultura y economía están relacionadas.
El objetivo es que los resultados vayan más allá de un inventario de especies y aporten información para identificar áreas de interés para la conservación, reconocer presiones sobre los ecosistemas, valorar conocimientos locales y explorar alternativas de bioeconomía que puedan generar oportunidades para las comunidades sin desligarse de la protección del patrimonio natural y cultural.
“Esta va a ser una oportunidad para reconocer esa oferta de flora y fauna del territorio, y entender cómo se relacionan las comunidades con esta flora y fauna de manera histórica y cómo la apropian dentro de las actividades de su cotidianidad”, explicó José Villa, coordinador de la Bioexpedición.
Así, los diez días de campo buscan dejar una lectura integrada de un territorio estratégico de Antioquia y convertir el conocimiento científico y comunitario en un insumo para la conservación, la gobernanza territorial y el desarrollo sostenible.




























